RESEÑA
LIBRE ALBEDRÍO, UNA INVITACIÓN A HABITAR LA INCERTIDUMBRE
Escrita por Romina Gaitan, producida por Aime Martinez
Un teléfono celular basta para alterar el frágil equilibrio de una reunión entre amigas. Sobre esa premisa, Libre Albedrío, escrita y dirigida por Ricardo Vallarino, despliega una experiencia teatral atravesada por el absurdo, donde un hecho aparentemente insignificante desencadena sospechas, malentendidos y múltiples interpretaciones. Lejos de ofrecer respuestas cerradas, la obra construye un universo donde el misterio, el peligro y la sorpresa —las tres palabras con las que el propio director la define— impulsan una propuesta que invita al espectador a completar aquello que permanece fuera de escena.
La historia comienza con la llegada de cuatro amigas a una fiesta en una isla del Delta del Tigre. Las reglas parecen simples: asistir disfrazadas, disfrutar del encuentro y no utilizar teléfonos celulares. Sin embargo, el sonido inesperado de una llamada rompe ese acuerdo y desencadena una sucesión de malentendidos, sospechas y conflictos donde cada personaje interpreta la realidad desde su propia percepción.
El Delta no funciona únicamente como escenario, sino también como un espacio donde el aparente aislamiento potencia la incertidumbre que atraviesa la obra. Ese paisaje asociado al descanso y la desconexión pronto deja de transmitir calma para transformarse en un territorio ambiguo. Allí, los disfraces y las máscaras no solo acompañan la estética de la puesta, sino que refuerzan la idea de que las apariencias rara vez coinciden con lo que verdaderamente ocurre.
Aunque el teléfono celular parece ocupar el centro del conflicto, Vallarino explica que ese fue solo el punto de partida. Durante la entrevista, señaló que su interés estaba puesto en las reacciones que provoca una llamada inesperada: «hoy en día un llamado, incluso de gente familiar o conocida, se vive como una invasión, como una violación a la intimidad». A partir de esa observación imaginó qué podría suceder en un lugar donde, por acuerdo, el teléfono jamás debería sonar. Sobre esa premisa, la obra desarrolla una cadena de situaciones donde el absurdo desestabiliza permanentemente aquello que los personajes creen comprender, mientras el humor convive con una tensión creciente que modifica el clima de cada escena.
La puesta acompaña esa construcción con una escenografía de líneas simples que evita distraer la atención y permite que las relaciones entre los personajes ocupen el primer plano. La iluminación y el diseño sonoro colaboran en la creación de una atmósfera que oscila entre lo cotidiano y lo inquietante, marcando con sutileza los cambios de tono sin imponerse sobre la acción. En ese equilibrio, el trabajo del elenco adquiere un papel central. La expresividad corporal, la gestualidad, las voces y los silencios no solo sostienen la tensión dramática, sino que prolongan el desconcierto. En más de una ocasión, cuando una escena parece acercarse a una explicación, la obra opta por mantener la ambigüedad y volver a poner en duda aquello que parecía haber quedado claro.
Más que conducir al público hacia una única lectura, Libre Albedrío propone una experiencia donde las certezas se vuelven inestables y cada escena habilita nuevas preguntas. Esa búsqueda dialoga con el deseo expresado por el propio director: «me gustaría que el público tenga sensaciones contradictorias y que se vaya con preguntas». La obra consigue sostener esa intención sin necesidad de explicar cada acontecimiento, confiando en la participación activa del espectador para completar los sentidos que la escena deja abiertos.
Libre Albedrío, con actuaciones de Luisa Cabral, Pablo Cano, Pamela Pérez Adomaitis, Antonella Portunato y Alejandra Tossi, puede verse hasta el 22 de agosto todos los sábados a las 18:00 hs en el Teatro Anfitrión (Venezuela 3340, CABA). Una propuesta que encuentra en la ambigüedad, el absurdo y la incertidumbre sus principales herramientas para construir una experiencia que continúa resonando mucho después de que cae el telón.
Fotografia de la nota: Luli Cherno, Simona Reyes y Aime Martinez


