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DEFENDER LAS LIBRERÍAS ES DEFENDER LA CULTURA
El gobierno nacional quiere derogar la le que sostiene a las librerias de barrio.
El anteproyecto de desregulaciones de Federico Sturzenegger apunta contra el precio único del libro. El sector editorial ya salió a rechazarlo.
Por Rocío Josefina
El Ministerio de Desregulación, a cargo de Federico Sturzenegger, incluyó en su anteproyecto de desregulaciones la derogación de la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera, vigente desde 2001. La iniciativa todavía no ingresó al Congreso: por ahora forma parte de la agenda oficial de un paquete que busca derogar 13 leyes y modificar alrededor de 50. Pero alcanzó para encender la alarma en el sector editorial.
El corazón de la norma es el precio único: garantiza que un libro cueste lo mismo en cualquier librería del país. Ese mecanismo, lejos de ser un detalle técnico, es lo que permite que una librería de barrio compita con una gran cadena o un supermercado sin quedar aplastada por los descuentos que solo pueden ofrecer quienes manejan grandes volúmenes.
No es una idea local ni improvisada. La Ley 25.542 se inspira en la Ley Lang, promulgada en Francia en 1981, pensada para proteger a las librerías frente a los grandes actores de la industria, como supermercados o cadenas que, al manejar mayores volúmenes de mercadería, pueden vender los libros mucho más baratos en detrimento de los comercios de barrio. Cuatro décadas después, Francia conserva una de las redes de librerías independientes más densas de Europa, y el modelo fue adoptado por países como Alemania, España y Portugal.
El argumento oficial es que liberar los precios abaratará los libros. La experiencia internacional matiza esa promesa: en Suiza, el estudio que encargó la Secretaría de Estado de Economía tras la derogación de 2007 no halló cambios significativos en los precios. Donde se soltó el precio único, los libros no bajaron; lo que cambió fue quién sobrevivió en el mercado.
Por eso el rechazo. La Fundación El Libro manifestó su “profunda preocupación”, y desde el sector advierten que la desregulación “desprotege a los eslabones más débiles de la cadena, libreros independientes, editoriales pequeñas y medianas, autores, y favorece la concentración, poniendo en riesgo real de cierre a cientos de espacios que dan vida a nuestras ciudades”.
En nuestra zona hay un ejemplo que vale como emblema. La librería de la Universidad Nacional de General Sarmiento, en Juan María Gutiérrez 1150, en Los Polvorines, ofrece una selección de casi diez mil libros de unas cien editoriales y de todos los géneros: infantiles, novelas, policiales, cómics, libros de actualidad o para estudiar. No es casual que la propia universidad la presente como “la librería de tu barrio”: un espacio público, abierto a cualquiera, donde la diversidad de un catálogo amplio existe justamente porque nadie tiene que competir a puro descuento. Sostener títulos que no siempre son rentables es exactamente lo que el precio único hace viable.
La librería de barrio no es solo un comercio: es un punto de encuentro. Sin precio único, la lógica del volumen se impone y la pregunta de fondo deja de ser cuánto cuesta un libro para pasar a ser qué ciudad queremos habitar: una con librerías en cada barrio, o una donde el libro se compra, si se compra, en la góndola de una gran cadena.


